La tragedia envuelta en solemnidad es un efectivo alimento para inundar de horror al humano medio. Los ataques del 11-S, desafortunados por donde se vean, son registro fiel de lo que planteo. Aún recuerdo, con cierto asco, el rostro de George Bush dando el pésame por la catástrofe, (inundada de contradicciones, debo decir); sus ojos enrojecidos y con tono inocente lanzando una pregunta a sus verdugos: "¿por qué nos odian?". El mismo tono de oportunismo empapo toda la parafernalia propagandística gringa: películas, documentales, testimonios (debidamente escogidos)...
No se piense que gocé de tal barbaridad, ni ironizo sobre las secuelas por mi insensibilidad al dolor ajeno; al contrario, me parece aberrante el uso que se le dio a la tragedia.
Estos ataques justificaron las invasiones a Afganistán y vecinos, con el noble propósito de frenar la violencia y amenaza terrorista... con más violencia pero con amenaza expansionista por parte de nuestra policia del mundo.
¿Acaso no es más repulsiva la actitud de los israelíes contra Palestina? ¿cuando sus ataques a la amenaza de Hamas no ha dado mas bajas que a la población civil? Tal parece que la indiferencia se debe a que las muertes no fueron debidamente tratadas por los medios para "sensibilizar", o porque ocurren en un lugar olvidado, sin edificios o monumentos insignes. No hay testimonios ultrateatralizados al estilo de Hollywood.
Las imágenes de devastación no tienen ni la mitad de impacto que las de la zona cero para los televidentes. Fotos tristes pasan por repulsivas: acá unn niño con las piernas reventadas; allá otro infante con la cabeza convertida en un despojo sanguinolento. No se comparan a las de gringos con la cara desencajada, o de presidentes magnicidas en cadena nacional. Aclaro: no es que tal tragedia sea peor que la otra; piénsese en la manipulación de ambos contextos.
El ser humano tiene toda la libertad de sacarse las entrañas, lo que no se vale es llevarse en el acto la vida de gente inocente. Me gustaría decir que en el animal humano hay una luz poderosa que motiva la bondad y la razón por sobre la pasión y el desenfreno, pero no, es una bestia capaz de las más viles atrocidades con tal de anteponer su Verdad por sobre la de otros; por conquistar el mayor número de hectáreas posibles.
Dicen que las guerras sacan lo peor del ser humano, considero que en realidad es el animal humano en su plena forma, sin máscaras el que se arroja en batalla, porque es más sencillo destruir y justificar después bajo la hipócrita faceta del arrepentimiento. No es extraño que después de un conflicto armado de gran magnitud se celebren concilios, acuerdos o se fundan organizaciones con fines pacíficos y demás cháchara engañosa; la bestia se acicala, se viste de frac y proclama el triunfo de la razón.
Hoy en Gaza reina el animal humano. Ahí podemos verlo en su verdadero elemento: fanático, sádico, bestial. ¿Le ha servido estudiar historia? ¿Es la más perfecta de las especies? ¿Aprende de errores pasados? ¡¿De holocaustos pasados!? Tal vez el peor error es pensar que puede controlar algo que ni siquiera acepta: su naturaleza destructora. Tal vez no queda más que aislar a quien quiera arrancarse la cabeza y dejar que el humano falso pero pacífico continúe su vida, al menos hasta que se le considere mártir y tenga una perfecta excusa para convertirse en verdugo.
