martes, 29 de julio de 2014

Sobre el conflicto en Gaza y el animal humano.


La tragedia envuelta en solemnidad es un efectivo alimento para inundar de horror al humano medio. Los ataques del 11-S, desafortunados por donde se vean, son registro fiel de lo que planteo. Aún recuerdo, con cierto asco, el rostro de George Bush dando el pésame por la catástrofe, (inundada de contradicciones, debo decir); sus ojos enrojecidos y con tono inocente lanzando una pregunta a sus verdugos: "¿por qué nos odian?". El mismo tono de oportunismo empapo toda la parafernalia propagandística gringa: películas, documentales, testimonios (debidamente escogidos)...



No se piense que gocé de tal barbaridad, ni ironizo sobre las secuelas por mi insensibilidad al dolor ajeno; al contrario, me parece aberrante el uso que se le dio a la tragedia. 

Estos ataques justificaron las invasiones a Afganistán y vecinos, con el noble propósito de frenar la violencia y amenaza terrorista... con más violencia pero con amenaza expansionista por parte de nuestra policia del mundo.


¿Acaso no es más repulsiva la actitud de los israelíes contra Palestina? ¿cuando sus ataques a la amenaza de Hamas no ha dado mas bajas que a la población civil? Tal parece que la indiferencia se debe a que las muertes no fueron debidamente tratadas por los medios para "sensibilizar", o porque ocurren en un lugar olvidado, sin edificios o monumentos insignes. No hay testimonios ultrateatralizados al estilo de Hollywood.

Las imágenes de devastación no tienen ni la mitad de impacto que las de la zona cero para los televidentes. Fotos tristes pasan por repulsivas: acá unn niño con las piernas reventadas; allá otro infante con la cabeza convertida en un despojo sanguinolento. No se comparan a las de gringos con la cara desencajada, o de presidentes magnicidas en cadena nacional. Aclaro: no es que tal tragedia sea peor que la otra; piénsese en la manipulación de ambos contextos.


El ser humano tiene toda la libertad de sacarse las entrañas, lo que no se vale es llevarse en el acto la vida de gente inocente. Me gustaría decir que en el animal humano hay una luz poderosa que motiva la bondad y la razón por sobre la pasión y el desenfreno, pero no, es una bestia capaz de las más viles atrocidades con tal de anteponer su Verdad por sobre la de otros; por conquistar el mayor número de hectáreas posibles.

Dicen que las guerras sacan lo peor del ser humano, considero que en realidad es el animal humano en su plena forma, sin máscaras el que se arroja en batalla, porque es más sencillo destruir y justificar después bajo la hipócrita faceta del arrepentimiento. No es extraño que después de un conflicto armado de gran magnitud se celebren concilios, acuerdos o se fundan organizaciones con fines pacíficos y demás cháchara engañosa; la bestia se acicala, se viste de frac y proclama el triunfo de la razón.



Hoy en Gaza reina el animal humano. Ahí podemos verlo en su verdadero elemento: fanático, sádico, bestial. ¿Le ha servido estudiar historia? ¿Es la más perfecta de las especies? ¿Aprende de errores pasados? ¡¿De holocaustos pasados!? Tal vez el peor error es pensar que puede controlar algo que ni siquiera acepta: su naturaleza destructora. Tal vez no queda más que aislar a quien quiera arrancarse la cabeza y dejar que el humano falso pero pacífico continúe su vida, al menos hasta que se le considere mártir y tenga una perfecta excusa para convertirse en verdugo.





lunes, 21 de julio de 2014

Klip, retrato de la desesperación


Si me decidí a ver este film de entre otros dos de temática similar (Ninfomanía y Joven y bella) fue por un reducido número de reseñas que lo elogiaban, en contraste con todas las opiniones y críticas en torno a Ninfomanía. La cineteca nacional siempre sorprende por la calidad de films, a pesar de que tengo que emigrar más de dos horas para ver cine decente.

Advierto que soy profano en el séptimo arte y prueba de ello es el adjetivo mamón que acabo de usar, y aunque no voy a dar una crítica sesuda y docta tampoco puede decirse que peco de completa ignorancia. Digamos que es una crítica inofensiva.

El film me sorprendió por el enorme paralelismo que existe entre los personajes y la adolescencia mexicana. Pobreza, pésimo sistema educativo, ignorancia, falta de amor propio y le añadimos un desesperado deseo de obtener status por medio de la ostentación. Los personajes bien pueden, y lo digo sin ofender, ser sustituidos por jóvenes de Tepito, Iztapalapa, Nezahualcóyotl y un largo etcétera.

Si bien la película podría analizarse desde varios aspectos bien podríamos llamarla: retrato de la desesperación. Jasna, protagonista del film, está hasta la madre de todo, razón por la que decide entregarse a los placeres más inmediatos: sexo, drogas, pedas, sexo, vandalismo, sexo... y para que quede registro de su estupidez decide grabar lo que pueda con su nuevo smartphone. Nos queda clara la posición de Jasna, pero para que no quede duda alguna se echa mano del ya recurrido sexo explícito. Felaciones en público, masoquismo soft, masturbación... elementos que pudieron obviarse pero les da una sustancia transgresora propia de esta época.

Llegan momentos en los que se cree estar viendo lo más banal del mundo, sensación semejante a la experimentada al ver videos de borracheras, y de hecho así es. Esos momentos muestran de forma realista el sano entretenimiento de miles de jóvenes. Desesperanza, alimento de la juventud.

El deseo de status es otro aspecto interesante. El lugar donde se desarrolla la historia está poblado de gente humilde con hijos que desean a toda costa enmascarar su miseria. Hambrientos de consumo recurren al objeto de bajo costo, a la imitación ostentosa, al objeto brillante. Ropa atrevida, chamarras de gorros afelpados, mucho maquillaje. Querer pasar por una clase social inalcanzable con el mínimo de recursos. ¿Les suena conocido?

Así las cosas, un retrato cruel pero realista. Lo más notable del film es la ausencia de una moraleja simplona propia de las telenovelas mexicanas. No hay ningún príncipe azul, de hecho solo hay un estúpido mamarracho, estereotipo del macho alfa; ni tampoco hay princesa a la cual salvar, Jasna llega a caer tan mal que más de una vez se desea cachetearla por imprudente, snob y pendeja. Es más, el final no puede ser más paradójico y escalofriante pero se agradece la ausencia de un cambio místico e inverosímil en la personalidad de Jasna, o bien la solución al puro estilo del Deus ex machina.

Klip excede su mensaje por sus escenas de sexo explícito, pero no cabe duda de que es un registro social contemporáneo de gran valor. Escapa a los traumas personales propios del cine de autor y se concentra en dialogar con sinceridad y sin pelos en la lengua.


Klip (Serbia, 2012)
Dir. Maja Milos
Cast. 

sábado, 19 de julio de 2014

Fernando Castro Pacheco. Costumbrismo yucateco.

Actualmente es difícil encontrar propuestas de arte que escapen a un narcisismo exacerbado. Lo triste es que se ha perdido la cándida mirada, la atenta contemplación de las formas más cotidianas para transformarlas en materia prima de la belleza. Probablemente sea un romántico a deshora, ya que a mí no me tocó el auge de la pintura mexicana, nunca alcé mi puño al aire para proclamar "obreros del mundo uníos", ni mucho menos llegué a pensar que a través del arte es que cambiaremos conciencias en masa.

No obstante he tenido la fortuna de asistir a exposiciones memorables que provienen de aquella época, o bien, de discípulos que crearon su propio imaginario. Una rama del arte mexicano que se sacude en solitario, mientras el árbol entero rebosa de cajas de cartón y figuras de colección de tamaño colosal.

Pues bien, Castro Pacheco fue una de las hojas más rebosantes de la rama solitaria. Una hoja magnífica dibujada por el fondo que le rodeaba. Yucateco y viajero, Castro Pacheco aprendió observando a los grandes. En sus primeros grabados de los años 40 se pueden ver influencias de Orozco, y en algunas pinturas el fantasma de Rivera ronda en las pinceladas. Hacia los 50 se dejó seducir por la abstracción, constructivismo y el funcionalismo, nada extraño considerando que tuvieron honda huella en México, sobre todo en la arquitectura. Es después de este periodo que Castro Pacheco comienza a producir piezas de belleza sutil. Sus óleos semejan acuarelas de vibrantes colores, contrastes violentos donde son dibujados personajes del cotidiano yucateco con una maestría excepcional.

No podía dejar de pensar en Ricardo Martínez y sus monumentales madres mientras observaba la obra de Castro Pacheco; la similitud con ambos es su culto a la madre, o bien a la figura femenina. Castro Pacheco se diferencia de Martínez porque en este caso la madre no es un monolito religioso, es la sensualidad y la serenidad. Bellas mujeres invaden los lienzos con miradas penetrantes, ningún musculo en tensión, la madre no carga al hijo, parece verlo alejarse como quien sabe que la crianza ha terminado.

"La novia" merece un lugar aparte. Una bruma verde y brillante parece venirsenos encima y aparece un rostro altivo y orgulloso, coronado por un velo; una cascada que baña la espalda bien erguida y magnífica de curvas pronunciadas. A las faldas de la transparente cascada están unas manos suaves que sostienen un modesto ramo de azar de flores blancas. Lo que enamora es la media sonrisa de la mujer; una curva delicada alzada al cielo; la sonrisa de una mujer segura, feliz; una mujer que lo tiene todo con tan poco.

Visiten esta hermosa exposición en el Museo Mural Diego Rivera. Más información aquí.



Armando Tolentino